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Aprender a decir "NO"

Aprender a decir

Desde hace mucho tiempo, numerosos abuelos reciben la petición de los hijos de hacerse cargo de los nietos durante su horario laboral. Para los abuelos es una satisfacción cuidar de los pequeños, pero cuando esta tarea se prolonga año tras año puede resultar agotadora, porque los abuelos ya no tienen las energías de un joven. Hay hijos que son conscientes de las limitaciones de sus padres y procuran no sobrecargarlos, dejándoles días sin ese cargo y un tiempo de vacaciones. 

Pero hay casos en que los hijos dejan caer sobre sus padres no sólo el cuidado de los nietos, sino también hacerles la comida, la limpieza de la casa y cuidar a los niños los fines de semana para que ellos puedan salir. Cuando se produce ese exceso de tareas lo que acaba sucediendo es que los abuelos y sobre todo las abuelas acaban agotadas y enfermas.

Esta situación de sobrecarga tan peligrosa para la salud se puede producir porque los abuelos no se atreven a decir que no a las peticiones de sus hijos. Por eso, lo primero que conviene tener claro es que decir que no es un derecho de la persona. No conlleva una crítica ni tiene por qué poner en peligro la relación con la persona a la que le decimos que no. Y si pone en riesgo esa relación, habrá que cuestionarse qué tipo de relación es la que tenemos con ella para que una simple negativa pueda estropearla. 

Decir que no nos protege frente a las personas que nos piden cosas sin tener en cuenta nuestra situación personal, nuestros problemas, nuestros intereses… 
La dificultad para decir que no también se extiende a otros ámbitos y no sólo al familiar. Por eso los expertos han elaborado una fórmula que conviene repasar, pues nos ayudará a coger fuerzas para decir que no a una demanda que no nos conviene aceptar. 

Tiene los siguientes pasos:

1.- Escuchar la petición que nos hagan hasta el final.
2.- Decir que no, y si queremos podemos añadir las razones que nos llevan a decir que no. Por ejemplo, en el caso de los abuelos, pueden explicar que están agotados, que no se encuentran bien, que llevan mucho tiempo así y necesitan descanso…
3.- Repetir el no las veces que sea necesario, pues en muchas ocasiones el primer no es insuficiente pues parece que ni fue escuchado.
4.- Manifestar que comprendemos la petición que nos hacen: “Entiendo que…” “Comprendo que…”
5.- Ofrecer alternativas a la situación: “Yo no puedo hacerlo, pero quizá habría otra manera…”

Hay que animarse a poner límites a quienes no piensan en nosotros. Nos jugamos la salud…

Un saludo de paz y bien.