“Quien viene a Madrid, es de Madrid”. Con estas palabras empezó el saludo del papa León XIV en el centro de atención a personas sin hogar - CEDIA hace escasamente diez días. Eran días en los que parecía que valores como solidaridad, acogida y esperanza se hacían eco en nuestros corazones, pero quizá sólo un espejismo. En esta semana hemos recibido dos noticias, una del Ayuntamiento de Madrid y otra en la Comunidad de Madrid, ambas con órdenes opuestas a los valores inspirados por León XIV: los enseres de las personas sin hogar que duermen en la calle serán retirados sin aviso previo a sus dueños, y las personas sin empadronamiento no podrán acceder al abono de transportes.
Ambas medidas ahondan en una mayor vulnerabilidad de personas migrantes y en situación de sinhogarismo. En el primer caso nos encontramos con una medida que despoja, sin previo aviso, a estas personas de sus únicas posesiones: sus mantas, sus escasos bienes y, lo más grave, su documentación y medicación si la hubiera. Desde SERCADE llevamos dos años pidiendo taquillas solidarias para que las personas que duermen en la calle tengan un sitio seguro en el que guardar sus pertenencias, sin que hoy en día dicha medida haya visto la luz. Sin embargo, sí ve la luz la medida de retirar de la vía pública todos sus enseres.
En segundo lugar, la comunidad de Madrid, con la medida de impedir el acceso al abono de transporte a las personas sin empadronar, reduce aún más las posibilidades de integración de un colectivo vulnerable donde los haya: personas a las que se les niega el acceso al padrón por voluntad de los propietarios que les alquilan (en la mayoría de los casos con precios que rozan la usura) viviendas o infraviviendas. El acceso al padrón no es un acto voluntario, es un derecho y una obligación de las personas que habitan un municipio, y al mismo tiempo la puerta de acceso a derechos básicos como atención social, educación, sanidad, etc. y ahora al transporte. Todas las personas desean estar empadronadas.
Negar el acceso al transporte supone negar una herramienta imprescindible para poder acceder a distintos recursos culturales, educativos, laborales, sanitarios en una comunidad como es Madrid, cuyas dimensiones hacen imposible desplazarse si no es en transporte público. Negar el acceso al transporte supone impedir la integración de estas personas.
Durante años de experiencia acompañando personas en situación de exclusión social hemos constatado consternados que un altísimo porcentaje de ellas, por no decir todas, ha manifestado que carece de empadronamiento porque el propietario de la vivienda o habitación que alquilan no les quiere facilitar la autorización para proceder a este trámite. Y muchos de los casos que sí están empadronados han tenido que pagar un alto precio por ello. Por tanto, son las personas vulnerables las que, una vez más, quedan descartadas del sistema de acceso a los derechos básicos y por razones ajenas a su voluntad.
Desde SERCADE exigimos que tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento de Madrid, desistan de estas políticas de descarte de las personas vulnerables, y retrocedan en las últimas medidas aprobadas que arrojan a las personas vulnerables a una situación con más restricción de derechos.
Cerramos este texto igual que lo empezamos, con una frase del papa León XIV en su reciente visita a España: "Les invito a alzar la mirada porque cada decisión pública toca a personas de carne y hueso".