El pasado 5 de junio, Khadry, un joven senegalés acompañado por SERCADE a través del proyecto Casa Boza, participó en el encuentro que el papa León XIV mantuvo en Madrid con personas que viven o han vivido situaciones de especial vulnerabilidad. Durante el acto, que reunió a representantes de distintas realidades sociales acompañadas por entidades de la Iglesia, tuvo la oportunidad de saludar personalmente al Santo Padre y entregarle su tarjeta de residencia como símbolo del camino recorrido desde su llegada a España y del esfuerzo realizado para construir una nueva vida.
Khadry llegó a España en plena pandemia y, desde entonces, ha recorrido un largo camino de integración, formación y crecimiento personal. Su gesto emocionó a los asistentes y fue recogido por diversos medios de comunicación como una de las historias más significativas del encuentro.
Junto a él participó también otro joven residente en Casa Boza, acompañados ambos por Inmaculada Martín, coordinadora del proyecto. Para los tres, la experiencia tuvo un profundo significado personal y espiritual.
"Fue un momento de esos que refrescan e impulsan en la vida", explica Inmaculada. "Pudimos volver a escuchar aquello que tratamos de encarnar cada día en nuestro trabajo: que cada persona tiene una dignidad infinita y que en el encuentro con los demás también nos encontramos con Dios".
El encuentro reunió a personas vinculadas a muy diversas realidades: migración, infancia, exclusión social, enfermedad, prisión o violencia. Una diversidad que, según Inmaculada, puso de manifiesto la riqueza y la universalidad de la Iglesia. "Allí estábamos personas procedentes de muy diferentes partes del mundo, unidas por una misma fe y un mismo deseo de vivir la vida desde lo profundo".
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Para los jóvenes de Casa Boza, la experiencia fue especialmente emocionante. "Nunca habían imaginado poder encontrarse con el Papa, que les saludara, que se detuviera a estrecharles la mano o a dedicarles unas palabras. Para ellos fue un sueño. Sintieron que su historia también estaba allí presente, reconocida y acogida".
La coordinadora destaca también la emoción de compartir ese momento con ellos: "Verles felices, escuchar después lo que había significado para cada uno y sentirnos unidos en algo más grande por haber vivido juntos esta experiencia fue una alegría inmensa".
Desde SERCADE, este encuentro constituye también un recordatorio del sentido profundo que inspira el acompañamiento cotidiano que se realiza en proyectos como Casa Boza: caminar junto a las personas, reconocer su dignidad y favorecer que cada una pueda desarrollar plenamente su vida.
"Momentos así ayudan a redirigir el rumbo, a dar peso a lo importante y a limpiar la mirada para la vida y para lo que hacemos cada día", concluye Inmaculada.